lunes, 19 de agosto de 2013

El más anticampesino de los presidentes

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, agosto 16 de 2013
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Tras los debates en el Congreso sobre las compras ilegales de tierras por poderosas empresas nacionales y extranjeras y famosos bufetes de abogados, como los de Brigard & Urrutia y Néstor Humberto Martínez, para Riopaila, Cargill y Luis Carlos Sarmiento Angulo, salieron a la luz varias verdades (http://db.tt/DwP0ULLR).

Se demostró que la Ley 160 de 1994 les permite a los campesinos beneficiados por adjudicaciones de baldíos del Estado vender esos predios sin ninguna restricción. Pero que el inciso 9° de su Artículo 72 también establece que nadie –ni persona natural ni jurídica–, puede comprar –acumular– más de uno de esos predios –una UAF, como se llaman–, so pena de la declaratoria de nulidad de la operación. Que esto es así lo han reconocido la Corte Constitucional, el Consejo de Estado, la Superintendencia de Notariado, el Incoder, dos ministros de Agricultura, la Contraloría, la Procuraduría y hasta el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, al igual que Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.

Esta prohibición desarrolla el objetivo primordial del Artículo 64 de la Constitución y la Ley 160, que busca que las tierras del Estado pasen a los campesinos y no salgan de la órbita de la pequeña producción. Como es obvio, se trata de un derecho colectivo del campesinado. Luego quien acumula las UAF viola el ordenamiento legal y despoja de sus derechos a los pequeños productores en su conjunto.

Sabedores de la prohibición de la Ley 160 de acumular tierras, los encopetados abogados que diseñaron el despojo campesino y la ilegalidad –en decenas de casos y por centenares de miles de hectáreas, en la Orinoquia y en el resto del país–, se esforzaron, no en volver legal lo ilegal, porque es imposible, sino en ocultar la violación de la ley, es decir, en que no se supiera que cada parcela adquirida por una empresa diferente era en realidad comprada por una poderosa matriz, la cual explota los predios como uno solo, incluso a escalas de 60 mil y más hectáreas. Algo así como un testaferrato inmobiliario. En el momento en que ocultaron a los verdaderos compradores de cada UAF y la producción unificada de los predios, confesaron de hecho que sí sabían que violaban la Constitución y la ley.

Una vez descubiertos estos actos de corrupción, han recurrido a leguleyadas elementales, las cuales no niegan la prohibición de la Ley 160 de acumular fincas originadas en baldíos, pero sí arguyen que en sus negocios la norma no se aplica en razón de alguna excepción traída de los cabellos. Es tan poco serio el alegato con el que intentan enredar incautos, que estos abogados y sus teorías terminaron de hazmerreíres entre los estudiantes y los profesores de las carreras de derecho.

La posición del gobierno de Juan Manuel Santos no pudo ser peor. Primero, en dos ocasiones y a espaldas de la opinión pública, intentó cambiar la Ley 160, para darle algún viso de legalidad a la ilegalidad. Luego, cuando el escándalo derrotó el tapen-tapen de la Casa de Nariño y rodó la cabeza del embajador en Washington, contra toda evidencia Santos absolvió a su amiguísimo y financista político, les advirtió a sus subalternos que quien volviera a decir que sí se había violado la ley se las vería con él y dio orden de echar por la calle del medio y promover la bien llamada “Ley Urrutia”, porque con ella se proponen blanquear las acumulaciones ilegales de baldíos. En desarrollo de la estratagema, el ministro Estupiñán, quien les dijo a los medios que acumular baldíos era ilegal y que generaba sanciones, le dio una voltereta de 180 grados a su posición, más preocupado por cuidar el puesto que su dignidad. En otro país se cae en diez minutos; aquí, podrían darle la Cruz de Boyacá.

Para ambientar la Ley Urrutia, han intentado convertir este debate, que es sobre ilegalidad y corrupción, en una controversia sobre el modelo agrario, con tan mala suerte para ellos que lo que defienden, y que Santos quiere empeorar, es un desastre, como lo prueba la indignación rural. Porque a punta de TLC aumentan las importaciones y disminuyen las exportaciones, arruinan a los productores y concentran aún más la propiedad de la tierra, a costa del campesinado y de los empresarios pequeños y medianos. Y no para producir bienes agropecuarios, sino para ampliar la escala de la especulación inmobiliaria, en beneficio de algunos de la cúpula de los adinerados criollos y los magnates extranjeros.

jueves, 18 de julio de 2013

Espacio Público: ¿mercado o derecho?
Aurelio Suárez Montoya, El Espectador, Bogotá, julio 16 de 2013
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El gobierno distrital ha elaborado el proyecto de decreto Marco Regulatorio de Aprovechamiento Económico del Espacio Público, al que solo le falta la firma del alcalde.

De su propio título se deduce que la premisa inspiradora es “quien consume, paga”. Una visión de mercado, que convierte dicho “bien de uso público” en mercancía, subestimando lo consignado en la Constitución y en instancias judiciales acerca del derecho de la ciudadanía a su pleno disfrute.

Tal como está concebido, los principios doctrinarios al respecto, que también incluyen el derecho al trabajo para su sustento de los venteros callejeros, ambulantes y estacionarios, quedan subordinados al funcionamiento de un “mercado regulado” en el cual la oferta del espacio público crea su propia demanda, como lo define la economía básica fundada en la Ley de Say.

Se argumenta que hay porciones de espacio público en manos de “mafias” y que, en consecuencia, el Distrito les quitará tal negocio para fortalecer sus finanzas. Una reafirmación de que no es la vigencia de los derechos, ni de los ciudadanos ni de los ocupados informales, lo que impele a tal iniciativa. En otras palabras, que lo que corre hacia los bolsillos de carteles encubiertos vaya a las arcas de la Hacienda distrital.

Con respecto a los venteros, además, serán reubicados –arrumados y segregados- en las llamadas Zonas de Aprovechamiento Económico Permanente (ZAEP). Sólo en esas áreas delimitadas podrán desempeñar su actividad; ahí sí, en una oferta restringida, se estimula aún más que factores de fuerza o de clientelismo sean los que, en últimas, determinen quiénes pueden sobrevivir allí por 5 años, tiempo límite fijado para permanecer. Adicionalmente, se desconoce tanto que el derecho al trabajo está vinculado al “sitio acreditado” como que los listados de venteros registrados se quedan cortos frente a los cerca de 110 mil que existen. Hay un grupo “de informales entre los informales”, cuyo destino en el decreto es completamente incierto, y que -como está esclarecido- pertenecen a circuitos urbanos cuya informalidad trasciende la ocupación y está ligada, asimismo, a la vivienda, servicios públicos y modo de transporte, entre otros.

La supeditación, en este esquema, de los derechos del conjunto de ciudadanos y de los informales al nuevo “negocio público”, implica la aparición de agentes que podrán acceder con predominio a los beneficios implícitos en el decreto, quienes por su capacidad económica o nivel de ingreso pueden asegurarse el disfrute del espacio público, donde, cuando, y como deseen o necesiten para su explotación económica. Una inversión de la cual obtendrán ganancias y que, por supuesto, favorece a personas naturales y jurídicas con mayores recursos de capital disponibles para acceder a lugares y equipamientos puestos en subasta.

De nuevo se repite, como en la salud y en la seguridad social, el derecho dividido por categorías. Neoliberalismo puro, donde el acceso al espacio público será para quien pueda pagarlo mejor en un mercado imperfecto. Quienes transitamos por las calles de Bogotá habremos de acostumbrarnos a ese modelo, regido por tarifas regresivas que ni siquiera consultan las condiciones económicas de los eventuales demandantes, como sucede con los impuestos indirectos. Por ende, el músculo financiero será factor decisivo y estímulo para “atraer” inversión, desechando la cautela y garantía del derecho general.

El gobierno distrital decidió que reglamentar el espacio público, tal como es su deber, es sinónimo de cobrar, de esa forma en el decreto de marras crea un mercado, lo privatiza, sobreponiéndolo a derechos constitucionales de los asociados.

miércoles, 17 de julio de 2013

Política del avestruz en materia de derechos humanos no le hace bien a proceso de paz, Clara López en carta a Santos

Clara López Obregón, presidenta del Polo Democrático Alternativo, le envió una carta al primer mandatario Juan Manuel Santos en la que controvierte su afirmación en el sentido de que Colombia presenta un avance sustancial en derechos humanos y, en consecuencia, no se hace necesario prolongar la presencia en el país de la Oficina de Naciones Unidas en esta materia.


“Sostener que Colombia tiene un avance suficiente en materia de derechos humanos no pasa de ser un deseo que dista mucho de la realidad que viven quienes se atreven a disentir, reclamar tierras o demostrar su inconformidad política y social”, expresa en su misiva la dirigente del Polo Democrático en su misiva al Presidente de la República.


El texto de la carta es el siguiente:


Bogotá, 17 de julio de 2013.


Doctor
JUAN MANUEL SANTOS
Presidente de la República
Ciudad.


Apreciado señor Presidente:


Quienes militamos en las filas de la oposición a su Gobierno, hemos registrado con gran preocupación sus palabras del día anterior en las que expresa que no considera necesaria la presencia en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas para la Defensa de los Derechos Humanos y su anuncio de revisar si “realmente vale la pena prolongar el mandato porque Colombia ha avanzado lo suficiente.”


Sostener que Colombia tiene un avance suficiente en materia de derechos humanos no pasa de ser un deseo que dista mucho de la realidad que viven quienes se atreven a disentir, reclamar tierras o demostrar su inconformidad política y social. Existen amplios territorios, incluidos sectores de las grandes ciudades, donde el imperio de la ley no penetra y la justicia es apenas un sustantivo sin contenido.


La persistencia del conflicto interno, el asesinato de decenas de campesinos que reclaman sus tierras despojadas, las amenazas y asesinatos contra sindicalistas, defensores de derechos humanos y dirigentes políticos de la oposición y la crudeza de la confrontación en las protestas sociales, con cuatro víctimas mortales como en el caso del Catatumbo, contradicen las afirmaciones presidenciales. Su  anuncio del posible retiro del representante de derechos humanos de la ONU se percibe más bien como una retaliación por las críticas que el comisionado hizo sobre el exceso del uso de fuerza por parte de los uniformados en el Catatumbo.


La política del avestruz en materia de derechos humanos no le hace bien, ni al proceso de restitución de tierras ni  al proceso de paz que requiere más que nunca la observación por parte de la  voz neutral de la comunidad internacional que representan Naciones Unidas.


Por ello, hacemos un llamado para que en su reunión de mañana con la Alta Comisionada Navi Pilay, reafirme el mandato de su oficina en Colombia, no por “un muy corto tiempo” como afirmó en el día de ayer, sino por el tiempo que sea necesario para dar garantías de la vigencia real de los derechos humanos de todos y todas y en especial de quienes los promueven y defienden.


Atentamente,


CLARA LÓPEZ OBREGÓN
Presidenta Polo Democrático Alternativo


17 de julio de 2013.



Polo Democrático Alternativo

sábado, 2 de marzo de 2013

BUENAS NOTICIAS por LUIS SANDOBAL

Luis I. Sandoval M

Buenas noticias...

Por: Luis I. Sandoval M

Diálogos en medio del conflicto siempre son traumáticos.


Las partes se agreden verbalmente y con acciones armadas y se acusan de producir víctimas entre la población. El malo es el otro. Olvidan la observación de André Gide: “En la guerra es torpe considerar que toda la nobleza está en la propia orilla y toda la estupidez en la orilla del enemigo”.
Pero hay otra cara de la moneda: la sociedad comienza a desperezarse, a entender que no puede quedarse callada y quieta, que tiene responsabilidad en el resultado final del proceso y que ello depende de lo que haga ahora. Reseño aquí actividades y criterios que me parecen buena noticia en medio de las dificultades.
Lanzamientos de libros como el Carlos Lozano, Director de Voz, que se constituyó en un importante foro para evidenciar coincidencias en defensa del proceso, los Diplomados de paz iniciados en Popayán y Bogotá que congregan a centenares de personas aplicadas a la comprensión del proceso, anuncio de las 100 Constituyentes regionales promovidas por la Marcha Patriótica, amplio acuerdo para la gran marcha el 9 de abril, Día de las Víctimas y conmemoración de la Marcha del Silencio convocada por Gaitán en 1948 poco antes de caer asesinado, el Congreso Nacional de Paz que se impulsa por la Ruta Social Común para el 19-21 de abril, las Mesas Regionales para la Agenda de Paz que impulsan las Comisiones de Paz de Cámara y Senado las cuales se reiniciarán el 9 de abril precisamente sobre el tema de reparación de las víctimas, la Semana por la Paz con el lema de Pactar la Paz-Construir la Convivencia, cuya preparación ya se inició por Redepaz, Conferencia Episcopal y otras organizaciones civiles, para realizarse entre el 8 y 15 de septiembre próximo y que tendrá una serie de actividades previas.
En muchas regiones gobiernos locales apoyan estas iniciativas, el caso más destacado es el de Bogotá donde la simpatía del Alcalde Gustavo Petro es explícita por cuanto las fuerzas constructoras de paz también lo son del Estado social de derecho y están por la defensa de lo público que es un empeño del Progresismo en la Capital.
Pero quizá lo más importante es que las fuerzas sociales y políticas - izquierda, centro y aún derecha no guerrerista - que convergen en las actividades enumeradas, están procurando construir entendimientos sobre objetivos como los siguientes, según he podido conocer:
1.Apoyar que Gobierno del Presidente Santos y FARC-EP no se levanten de la mesa hasta acordar la terminación del conflicto, 2.Apoyar el cumplimiento de la agenda y de los acuerdos a que lleguen las partes, 3.Apoyar todas las formas de participación ciudadana eficaz en la discusión de los seis (6) puntos de la agenda, 4.Contribuir con elementos debatidos y compartidos cuando surjan dificultades en las discusiones de la Mesa de La Habana, 5.Procurar que todas las expresiones insurgentes, incluidos el ELN y el EPL, se vinculen al actual proceso, 6.Defender el derecho y asegurar que el diálogo político en función de la paz se pueda desarrollar entre todos los actores de la vida social y política del país, incluidos los movimientos insurgentes, al menos por medio epistolar y con los recursos electrónicos que hoy son corrientes, 7.Procurar el desescalamiento verbal y miliar progresivo del conflicto que le permita al país creer en la paz y avanzar hacia la reconciliación, 8.Avanzar hacia un Pacto Político Nacional que comprometa al máximo posible de actores de la vida del país en la construcción de la Paz estable y duradera.
Parecería estar en camino un amplio Frente Civil por la Paz.

domingo, 6 de enero de 2013

Se agotó modelo aperturista: Clara López


Los platos rotos del modelo neoliberal los pagan las clases medias y los trabajadores con desempleo, baja remuneración y mayores impuestos.

El dato inesperado de crecimiento negativo de la economía en el tercer trimestre de este año (-0.7%) echó por tierra las proyecciones oficiales y los anuncios gubernamentales de que Colombia estaba blindada contra la crisis mundial, afirmó la presidenta del Polo Democrático Alternativo, Clara López Obregón.

“El modelo económico aperturista en el que de manera inexplicable insiste el gobierno está agotado en Colombia y en todas partes, prueba de ello es la parálisis del sector industrial, el bajo crecimiento económico general y el aumento del desempleo, a lo que se suma ahora un pobre desempeño de la minería fruto de la crisis europea y la reducción de la demanda china”, explicó la dirigente política.

Relievó el hecho de que la inversión extranjera en el sector minero en los últimos años ha contribuido a la revaluación del peso colombiano y con ello a la falta de competitividad de otras exportaciones industriales y agrícolas.

Dijo que la crisis mundial encuentra en la economía colombiana, especialmente a los industriales y agricultores en una situación de debilidad extrema por la competencia inopinada de las importaciones promovidas por el modelo aperturista que abre el campo del mercado nacional al ingreso de productos agrícolas subsidiados por los presupuestos oficiales tanto de Estados Unidos como de Europa, y a un sector industrial compitiendo en desigualdad de condiciones por falta de inversión en infraestructura, ciencia y tecnología, fundamentos de la economía contemporánea.

Ante este panorama de la economía nacional, López Obregón sostuvo que “llegó la hora de recapacitar. Colombia no puede seguir en manos de quienes aplican recetas importadas sin beneficio de inventario como han sido las del Consenso de Washington. Si no viramos de inmediato aplicando políticas públicas que promuevan el mercado interno con un robusto aumento del salario mínimo que estimule la demanda, la aceleración de la inversión pública y la adopción de medidas contracíclicas por parte del Banco de la República, nos esperan tragos amargos”.

Por lo anterior, señaló, “es el momento de proteger la producción nacional y de garantizar la seguridad alimentaria del pueblo colombiano”.

Instó también a las autoridades distritales para que no repitan en 2013 la inejecución de la inversión pública en la capital de la República como ocurrió este año, habida cuenta que Bogotá representa una tercera parte del Producto Interno Bruto (PIB) del país, así como facilite al mismo tiempo, el flujo de la inversión privada en el sector de la construcción.

Bogotá, 21 de diciembre de 2012